Emigrar o no emigrar: mi experiencia real viviendo en España (lo que nadie te cuenta)
Nunca me había animado, aun viniendo de familias de emigrantes. Mi abuelo materno era italiano de Pavía, mis bisabuelos paternos también italianos pero del sur, mi abuela paterna francesa, y si sigo subiendo en el árbol genealógico aparecen alemanes y españoles.
Es decir, vivir en otro país no era algo ajeno a mi historia. De hecho, a mis 19 años, mi papá emigró hacia Uruguay.
Él venía de perder una empresa y tuvo ofertas para radicarse en Puerto Rico, descartada por la lejanía, y en Chile, descartada porque la de Uruguay venía de su hermano, que ya había puesto un negocio allí.
Las veces que pensé en emigrar… y no lo hice
Cuando mi papá tuvo la oferta para ir a Puerto Rico, la pensé. La verdad es que la pensé, pero no se dio y la descarté.
Una vez instalado en Uruguay con su segunda esposa, no lo consideré. La relación con ella era realmente mala y, para recibir malos tratos asegurados, preferí quedarme donde estaba.
Cuando él se separó, podría haberlo considerado, pero no era mi momento. Y no lo fue tampoco.
La crisis del 2001
Corrí la crisis del 2001 y, ya casada y con un hijo, empezamos a considerarlo con mi esposo. En ese momento pensábamos en Italia.
Teníamos treinta y tantos y un nene chiquito. Averiguamos, lo meditamos durante meses, pero había algo que pesaba más: nuestro hijo iba a crecer sin abuelos, sin primos, sin tíos.
Y lo descartamos.
Año 2010
En 2010 nace nuestra tercera hija. En ese momento ni remotamente pensamos en irnos del país.
Lo máximo que considerábamos era viajar a Estados Unidos o Italia por un tratamiento de salud para ella y volver.
Aún creíamos en el país, a pesar de empezar a ver cosas que no nos gustaban.
El momento en que todo cambió
¿Qué cambió? Cambió todo en 2019, cuando vi que el país volvía a cometer el mismo error.
Después llegó 2020, una situación mundial, pero en Argentina se manejó de una forma que me hizo sentir que el peligro no venía de afuera.
Y ahí, por primera vez, lo sentí en serio.
La decisión de emigrar
Empecé a averiguar y a desempolvar mis papeles para hacer la ciudadanía italiana por parte de mi mamá. Era el camino más corto en cuanto a documentación.
Tramitamos todo y avancé.
En ese momento había un movimiento fuerte en redes donde, si no te ibas, eras poco menos que un tonto.
Se idealizaba demasiado. Y aparecieron los "influencers de emigración", muchos vendiendo asesorías para trámites que, en muchos casos, podrías hacer por tu cuenta.
Porque la realidad es esta: cada caso es único. No hay dos historias iguales, ni dos procesos iguales.
Contar mi experiencia (sin influenciar)
Si bien no fui influenciada por ese contenido, decidí abrir una cuenta en Instagram para contar mi experiencia.
Sin decirle a nadie qué hacer. Sin señalar. Solo mostrar.
Sin saberlo, estaba armando un vlog personal que no supe monetizar. Eso vendrá en otro artículo, porque fue uno de mis grandes aprendizajes sobre trabajar online.
Llegar a España: expectativa vs realidad
La decisión estaba tomada. Con mi marido elegimos España, aunque yo no la tenía como primera opción.
Llegué en 2022 y me encontré con un país ordenado, con una economía funcionando, baja inflación y cierta seguridad. Para mí, eso ya era muchísimo.
Primero fui a Benalmádena. No fue casualidad. Allí estaba una persona de mi entorno, alguien en quien confiaba, y como iba sola, necesitaba no estar completamente sola en ese primer aterrizaje.
En ese momento, me pareció la mejor decisión. Tener a alguien conocido cerca, en un país nuevo, daba cierta tranquilidad.
Pero esa tranquilidad duró poco.
Con el tiempo, esa relación cambió. No fue lo que esperaba, y terminó siendo todo lo contrario a lo que necesitaba en ese momento.
No voy a entrar en detalles acá, porque merece su propio espacio, pero sí puedo decir algo: cuando emigrás, las personas en las que confiás también forman parte de la experiencia… para bien o para mal.
Y eso también pesa.
Al mes entendí algo más concreto: ahí no había trabajo para mí.
Empezar de cero en Madrid
En Madrid conseguí lo que no había conseguido en Málaga:
una habitación
un trabajo
empezar de nuevo
💡 Herramienta que uso y recomiendo
Manejá tu dinero entre países sin perder en el cambio
Cuando emigrás, mover plata entre Argentina y España se vuelve un dolor de cabeza. Yo uso Wise para transferencias internacionales: comisiones bajas, tipo de cambio real y sin sorpresas. Si todavía no lo tenés, probalo.
*Enlace de afiliado. Si abrís una cuenta, yo recibo una pequeña comisión sin costo adicional para vos.
Pero también empecé a ver lo que estaba perdiendo.
Lo que nadie te dice de emigrar
Al mes de estar en Madrid, empecé a darme cuenta de algo que nadie me había explicado antes.
No era el trabajo. No era el dinero. No era el país.
Era todo lo que había dejado atrás.
Y no, no hablo de grandes cosas.
Hablo de lo cotidiano. De lo invisible. De eso que no aparece en ningún video de YouTube.
Emigrar no es solo empezar de cero.
Es darte cuenta, de golpe, de todo lo que ya tenías construido… y que desaparece.
Perdés tu identidad.
Porque de repente dejás de ser "vos" en tu contexto, para ser alguien nuevo en un lugar donde nadie te conoce.
Perdés lo simple.
Como ir a tu peluquería de siempre, sentarte y que no tengas que explicar nada. Parece una tontería, pero no lo es.
Perdés a tus médicos.
Los que ya conocían tu historia, la de tus hijos, los detalles que no figuran en ningún papel.
Perdés tiempo en cosas que ya estaban resueltas.
Trámites, papeles, gestiones que en tu país ya no existían para vos… y acá vuelven a empezar desde cero.
Perdés tu casa.
Tu espacio. Tu lugar en el mundo. Ese al que sabías que podías volver sin pensar.
Y todo eso junto pesa.
Pesa más de lo que imaginaba.
Porque nadie te lo dice así.
Nadie te habla de esto cuando te muestran la parte linda de emigrar.
Y no es que emigrar esté mal.
Pero no es gratis.
Y el problema no fue darme cuenta… fue lo que vino después.
Entendí que extrañaba demasiado.
Que empezar de nuevo a los 53 años no era para mí.
Y decidí decirlo.
Decidí que quería volver.
Pero cuando levanté el teléfono para hacerlo… mi mamá había alquilado mi casa.
Mi casa.
Ese lugar al que yo creía que podía volver.
No voy a entrar en detalles, porque no es el foco de este artículo.
Pero sí voy a decir algo que no siempre se dice:
A veces, la familia no es el refugio que uno espera.
Y cuando estás lejos, eso se siente el doble, porque no todas las historias familiares son como las muestran.
El momento en que entendí todo
El problema no fue irme.
Fue entender lo que implicaba.
Extrañaba demasiado. Empezar de nuevo a los 53 años no era para mí.
Cuando finalmente decidí decirlo… mi mamá había alquilado mi casa.
Emigrar no es para todo el mundo
Emigrar no es una solución universal.
Podés estar en un país complicado, pero ahí están tus afectos, tu historia, tu identidad. Y eso no se mide en números.
Lo evaluás pero no sabés cómo te vas a sentir al respecto hasta que lo vivís. Esta es la realidad irrefutable.
Se romantiza demasiado y la verdad es que idealizar es el verdadero problema.
No siempre irte de tu país es LA solución. Si bien mi país está mal y cada día empeora, allá está mi historia, conozco a la gente, conozco la idiosincrasia, soy de allá. En Madrid no tengo nada, solo mi familia primaria.
¿Volver o no volver?
Yo volvería ayer mismo, pero aún tengo trámites que hacer en España y eso es lo que nos detiene aquí por ahora.
Esta es MI experiencia. Habrá quienes digan que me equivoco, que estoy loca, bla bla bla. Lo real es que quienes hablan desde afuera, lo hacen así: desde afuera. Mi vida la vivo yo. Y lo mismo pasa con tu vida. Así que solo te voy a dar una sugerencia: viví tu vida según te dicte tu corazón.
Para finalizar, alguien me dijo antes de irme: "andate vos sola 6 meses y evaluá, no te mandes de una". Y yo no le hice caso porque pensé que no tenía el dinero para hacer eso. La verdad es que no lo tenía, pero lo podía haber conseguido trabajando y ahorrando esos 6 meses.
Pienso —y es conjetura, jamás podré saberlo— que si hubiera sido clara: "me voy tal día y vuelvo tal día porque quiero considerar con la cabeza fría", nadie hubiera alquilado MI casa y yo me habría podido volver.
¿Me arrepiento? No. La verdad es que aunque suene contradictorio, no me arrepiento porque lo que te enseña irte de tu país no te lo enseña NADA MÁS. Pero irte de tu país no te salva, solo cambia el escenario.
¿Vos qué pensás? Te leo en los comentarios.




Comentarios
Publicar un comentario